¿Por qué mi perro no me obedece? Errores comunes en la educación canina.


Cuando se trata de la educación de los canes, es común equivocarse. Hay pensamientos o actitudes erróneas que sin querer pueden ser perjudiciales. Pero hay algo de cierto en todos estos errores que podemos cometer: todas las familias que aman a sus peludos siempre querrán lo mejor para ellos, y por eso buscarán darles lo que creen correcto.


He hecho una lista de 5 pensamientos y actitudes comunes que suelen suceder, para que podamos mejorar nuestra forma de educarlos y evitemos malos momentos a futuro.



1. Esperar que el perro aprenda solo y no supervisarlo.

Creer que el perro aprende por sí mismo, pensar cosas como “debería saber en dónde ir al baño”, o “no debería coger mis zapatos”, nos hace desligarnos y hacernos los sordos y ciegos ante el entrenamiento que debe llevar nuestro perro. Ellos necesitan entender las reglas del hogar; no entienden qué significan los objetos de la casa, ni saben cuál es el lugar idóneo para ir al baño. Ellos actúan como lo que son: animales, y toman decisiones acordes a sus instintos. Está en nosotros guiarlos para que sean buenos compañeros.



2. “Mi patio es grande, ahí mi perro hace ejercicio”.

Todos los perros necesitan salir. Pueden tener el patio más grande de todos, y aún así necesitan conocer el mundo y tener otro tipo de estímulos. Los perros de patio son los más “abandonados” porque existe la creencia de que tener un espacio grande es suficiente para satisfacer sus necesidades. Simplemente es una cárcel más grande. Los perros necesitan pasear, oler otros lugares, ver otras personas y animales, y, sobre todo, compartir con su familia en esas caminatas. Esa es la mejor forma de desgastar sus energías y darles una mejor calidad de vida.


3. Un perro de tamaño pequeño no necesita entrenamiento.

Los perros pequeños, al igual que los grandes, siguen siendo perros. Dependerá de la raza, nivel de energía y motivación, pero los perros pequeños también deben aprender modales en el hogar, también deben pasear a lado nuestro como los grandes y también deben obedecer en todo momento. Un problema muy común es engreírlos mucho. Al ser perros “de cartera”, se los trata como humanos. Son adorables, pero así mismo siguen siendo perros. Humanizarlos y no educarlos es el peor daño que podemos hacerles. ¡Tratémoslos como tal, ellos son felices así!


4. “Mi perro es celoso, por eso no deja que nadie se me acerque”.

Sentir celos es una emoción netamente humana. Los perros no son capaces de sentir algo tan complejo. Lo que vemos como “celos” en realidad se llama “protección de recursos”. Cuando tenemos un perro que no deja que nadie se nos acerque, no nos “cela”, simplemente el perro nos ve como un recurso (de comida, afecto…) y no quiere que nadie se lo quite. Este problema de comportamiento se puede volver muy grave, ya que los perros pueden llegar a atacar y lastimar seriamente a personas u otros animales. Lo primero que debemos hacer para mejorar esta conducta es llamar a un educador canino que sepa trabajar y modificar conductas caninas. Lo segundo, es reflexionar sobre qué estamos haciendo para alimentar esta conducta. ¿Dejamos que el perro pase pegado a nosotros? ¿Le permitimos gruñir y ladrar a quien se acerque? ¿Lo engreímos demasiado y le damos mucho afecto y poca disciplina? Reflexionemos.


5. Los niños son los dueños y son responsables del perro.

Es súper común regalarles un cachorro a los niños y decir que es de “ellos”. Pero no hay que confundir los roles: un niño está en formación y no necesariamente entiende sobre la responsabilidad y el cuidado de una especie diferente. El niño podrá llamar al perro como “suyo”, pero los responsables siempre son de los adultos. Es común escuchar cosas como “el perro es de mi hijo (10 años), él es el encargado de sacarlo a pasear y nunca lo saca”. Esta es una actitud errónea. Es el adulto quien dicta las reglas, es el adulto el que debe ocuparse de la comida, de levantarse y llevarlo al baño, de llevarlo a pasear, de tener el control veterinario, y, sobre todo, de manejar la interacción entre niños y perros. Cuando se les atribuye toda la responsabilidad a los niños, tenemos perros descuidados (porque los niños no pueden solos con esto), accidentes en la calle (porque el perro dobla en tamaño al chico y lo arrastra), perros enfermos (el adulto no lo monitorea), o incluso mordidas graves de la mascota hacia el niño (porque nunca vigilaron la interacción). Los adultos deben ser quienes generen las actividades, ellos son los responsables de este ser vivo, y a la vez deben involucrar poco a poco a los niños y darles tareas sencillas que vayan acorde a la edad.

Melissa Vélez

Psicóloga Clínica & Entrenadora Canina

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